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“Lo que pasó fue que me violaron cuando tenía 13”
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Este es el primer episodio de la serie “La pandemia del abuso sexual en Guatemala” de Radio Ocote. Ella sueña con ser vulcanóloga, mientras cría a su pequeño hijo, producto de una violación. Este es el guion de la historia en audio, en que Ella nos cuenta lo tortuoso del embarazo, del parto, de acostumbrarse a criar al hijo de su violador, y de cómo el sistema fue incapaz de acompañarla. Y, sin embargo, Ella sigue soñando y pensando en su futuro. Esta serie fue producida por una alianza de colaboración con Proyecto Miriam.

[Puedes escuchar el episodio #8 de Radio Ocote en tu plataforma favorita, o aquí, en nuestro sitio: “Lo que pasó fue que me violaron cuando tenía 13”. La pandemia del abuso sexual contra menores.]

Voz del host

El dato es escalofriante. Y dice mucho sobre la sociedad en que vivimos. En Guatemala, desde el 2010, se cuentan 107 mil denuncias por violencia sexual en las que la víctima es menor de edad. 107 mil. Pareciera que agredir sexualmente a una niña es un acto común, normal.

Al horror, se suma la impunidad. Los datos del Ministerio Público y del Organismo Judicial obtenidos por Agencia Ocote muestran un índice de impunidad cercano al 90%. Es decir, de cien denuncias, sólo 10 llegan a una sentencia. Otro dato: en el 80% de las denuncias por violación contra menores, ni siquiera se abre una investigación.

En esta crónica, Carmen Quintela y Lucía Reinoso nos cuentan uno de estos 107 mil casos.

Narración:

Ella es una joven de Santa Cruz del Quiché. Tiene 18 años y quiere ser vulcanóloga. Esto es algo que tiene en la cabeza desde los 8 o 9 años, desde que se mudó con su mamá a Boca del Monte, cerca de la capital y escuchó la explosión del volcán de Pacaya. Esa vez vio cómo caía la ceniza y observó de lejos la lava bajar. Despertaron en ella las ganas de entender aquel fenómeno.

Ella:

Estábamos muy cerca de ahí, entonces no sé, se me despertó esa curiosidad de ver, agarré arena y hasta incluso me da risa porque yo quería que cayera una piedra ahí en la casa, cerca de la casa.

Narración:

Ella sentía curiosidad y la compartía con las personas que la rodeaban.

Ella:

Y le dije a mis compañeros que si miraban una piedra que me la dieran, porque yo quería algo. Porque, no sé me entra esa curiosidad de cómo se forma la lava, de cómo se originan las piedras volcánicas, de para que no sirve la arena volcánica y subir y escalar un volcán, y explorarlo más profundamente.

Narradora:

Pero ser vulcanóloga en Guatemala no es fácil. Sobre todo, si eres mujer, en un país que limita el acceso a la educación a las niñas. Y mucho menos, si no tienes recursos para estudiar en el extranjero.

Su ilusión por la vulcanología quedó detenida un largo tiempo, desde los 13 años. Solo ahora, vuelve a hacer planes.

Cambio escena (sonido de campo, grillos, viento)

Ella se define como k’iché y mestiza. Vivió sus dos primeros años en Santa Cruz del Quiché junto a su mamá, su papá y su hermano menor. Pero todo cambió cuando su padre murió…

Ella:

En eso la familia de mi papá nos echó de la casa, sabiendo de que mi papá dijo que la casa iba a ser para mi mamá y que nadie tenía derecho a sacarnos de allí, pero ellos tomaron eso de que nos sacaron.

Narradora:

No hubo opción. Tuvieron que irse. A su madre le ofrecieron trabajo en la capital, limpiando una casa. Ahí mismo vivían. Pero la relación con la familia que la contrató no era buena.

Ella:

Los patrones de mi mamá fueron algo diciendo algo exigentes, ya que en un buen tiempo decían de que nosotros mucho comíamos, conforme íbamos creciendo.

Narradora:

No aguantaron mucho en ese lugar. Su madre comenzó a trabajar en la zona 7 con un matrimonio, que aceptó que llegara con Ella y su hermano. Los nuevos patronos incluso ayudaron a Ella a empezar la primaria.

Narradora:

Su madre juntó algo de dinero para alquilar un pequeño lugar en Boca del Monte, que compartía con otras dos familias. Desde su casa, Ella veía el Pacaya. Ahí vivieron durante varios años. Formaron un hogar. Ella era feliz, hizo amistades, siguió estudiando. Hasta que…

Ella:

Lo que me pasó fue que me violaron cuando yo tenía 13 años. Fue un mi vecino

Narradora:

Era un domingo normal. Ella estaba sola en casa, su familia había salido a la iglesia. Las otras dos familias de la casa también estaban en el culto. O al menos, eso suponía Ella. Ella tenía tareas y se quedó estudiando, sentada de espaldas a la puerta.

Oyó que alguien entraba a la casa. Nada raro hasta allí: en ese lugar siempre había gente entrando y saliendo.

Ella:

Y en eso donde voy sintiendo que me taparon los ojos

Narradora:

Lo primero que pensó Ella es que su hermano o su primo bromeaban. Les pidió que se detuvieran. Pero no le contestaron. Lo siguiente pasó muy rápido. Sintió cómo esa persona la jalaba y tiraba la silla a un lado. No era una broma. Ella entró en pánico. Temblaba, tenía miedo, ganas de llorar. Y al fin pudo ver quién estaba detrás de ella.

Ella:

Entonces donde me tiró a la cama voy viendo que era mi vecino, de la misma casa, y yo así como que, usted qué está haciendo aquí, que sí que callate, que tú lo provocaste todo y yo así como qué por qué, o sea no y donde me intenté escapar me golpeé y es donde él se aprovechó también porque yo soy algo frágil, cualquier golpe me duele mucho.

Narradora:

Ella se resistió.

Ella:

Intentaba e intentaba y nada, y donde me agarró bien fuerte, sí me dolió mucho y quise gritar pero no me salía eso. Y él me tiró y me dijo que me callara que si iba a decir algo me iba a matar…

Narradora:

Antes de irse, el vecino le dijo que si contaba algo, su hermano y su mamá tendrían represalias. Ella se calló. Guardó silencio durante tres meses.

Fueron semanas terribles. Ella se encontraba todos los días a su vecino en la calle. Él la amenazaba, le decía que si decía algo, le volvería a hacer lo mismo.

Él conocía sus rutinas, sabía dónde encontrarla sola, de camino al instituto, de regreso a casa.  En el instituto, los profesores comenzaron a observar que algo no estaba bien. Ella, una buena alumna, aplicada y atenta, dejó de entregar sus tareas. Ya no encontraba los ánimos para estudiar y ya no prestaba atención en clase. Sus calificaciones bajaron.  Llamaron a su madre, que, preocupada, no entendía qué pasaba. Ella se limitaba a decir que ya no quería estudiar, que ya no le gustaba. Ya no quería saber nada de los volcanes, ni de nada. En esos días, también dejó de comer.

(Cambio música)

Narradora:

Ella siempre había sido muy irregular en sus menstruaciones. No se preocupó cuando la regla no le bajó en tres meses.

Ella:

Hasta que yo me voy enterando de que, un día mi mamá me dijo que ella había soñado que yo estaba embarazada, entonces yo ahí fue donde me preocupé mucho también, porque yo dije: “qué tal si es cierto”.

Narradora:

La primera reacción fue negarlo. Rechazaba la idea de estar embarazada del hombre que la había violado. Pero el tiempo confirmó sus miedos.

Un día en que estaba planchando con su madre, empezó a sentir mareos. Tres meses sin alimentarse bien, la angustia, el calor… Se desmayó.

Su mamá la llevó al médico.

Cambio escena (sonidos de hospital, ambulancia)

 

La doctora que la atendió le confirmó lo que ya sospechaba. Estaba embarazada. A solas, Ella le confesó que no quería seguir adelante con el embarazo.

Ella:

Y yo le dije que yo quería abortar, que yo no quería saber nada de ese embarazo y ella me dijo que ¿por qué?, ¿por qué motivo, por qué razón yo estaba diciendo eso?

Narradora:

La respuesta no era fácil. Al principio, Ella no contó nada de la violación.

Ella:

Yo al principio mentí, porque no quería que supieran que me habían violado. Entonces yo le dije que yo sí había tenido relaciones sexuales por mi propia cuenta.

Narradora:

Pero al final le dijo a la doctora la verdad. Esta trató de convencerla para que presentara una denuncia.

Ella

…y me dijo “mirá, si no le decimos nada él te va a seguir acosando y eso no es bueno para ti, ni para tu bebé”, “pero es que no es mi bebé”, le decía, “yo lo quiero abortar, ayúdeme, yo no lo quiero tener”.

Narradora:

Ella le pidió tiempo para pensarlo y la doctora accedió a guardar el secreto.

Regresó a su casa. No quería seguir con el embarazo. (En su desesperación tomó unas pastillas que encontró con la esperanza de enfermarse y provocarse un aborto)

Ella

…Tomar pastillas, de que yo cedí y que no lo quería tener.

Narradora:

Pero no funcionó.

Ella

Dios sabrá por qué no lo aborté. Porque las pastillas que yo tomaba no eran nada que ver para abortar.

Narradora

En la siguiente cita, la doctora le explicó que, como profesional, estaba obligada a informar al Ministerio Público. La ley establece que un embarazo en una menor de 14 años siempre, siempre, es producto de una violación. Y Ella tenía 13.

Ella habló entonces con su mamá y le contó la verdad. Ella se puso furiosa. Agarró a la niña de la mano y se fueron juntas al Ministerio Público. Quería un castigo para el hombre que le había hecho eso a su hija. Los fiscales le tomaron declaración y un tiempo después llegaron a su casa. Allí, le pidieron a Ella que recordara la escena, que explicara bien qué había pasado, dónde había pasado. Reconstruir un crimen es un procedimiento habitual en una investigación judicial. Pero las personas que trabajan estos casos, coinciden en que exponer tanto a una niña no es ni necesario ni positivo para su recuperación.

Hacerle recordar su agresión a una menor de edad, una y otra vez, se considera una revictimización. La Ley de Protección de la Niñez y Adolescencia recoge como una garantía procesal el evitar que las niñas, niños y adolescentes sean revictimizados. Pero una cosa es la teoría. Y otra, la práctica.

Durante la visita de los fiscales, su mamá estaba nerviosa. Les pidió, les exigió que capturaran al agresor. Pero eso no sucedió. En cambio, le dijeron que los tres –Ella, su mamá y su hermano- tenían que irse de su casa, de Boca del Monte, por su seguridad.

Ella

Ahí fue donde la Licenciada y los del MP empezaron a decir que nos teníamos que salir, que sólo nos daban 15 días para conseguir un lugar y que nos saliéramos.

Narradora:

Ella estaba enojada, frustrada y asustada. No entendía por qué ella, la víctima, tenía que sufrir todas las consecuencias. Huir ella, en lugar de su agresor. Pero, así fue. Su madre consiguió un apartamento pequeño en la zona 1 de la capital.

Hasta hoy, Ella no puede regresar a vivir a su antigua casa. Dice que lo tiene prohibido.

El caso fue trasladado a una fiscalía de Boca del Monte. Pese a la advertencia de los fiscales, la niña tuvo que volver a su antiguo barrio con su madre para darle seguimiento a su denuncia. Hasta que un día, le dijeron que no regresara más.

Ella:

La última vez, nos dijeron que porque yo había hecho la denuncia muy tarde y había pocas evidencias, entonces el caso se tenía que cerrar.

Narradora:

Como Ella había hecho la denuncia tres meses después de la violación, según el Ministerio Público, ya no había pruebas suficientes para inculpar a su agresor.

A la desesperanza por haber abandonado su casa, dejado atrás a sus amigas, su instituto, su barrio, su volcán, y tener que ir embarazada a clases a un nuevo lugar, tener que rehacer su vida… se sumaba otro golpe. El Ministerio Público cerraba su caso.

(Cambio de música)

Mientras tanto, la niña seguía firme en su decisión. No quería seguir con el embarazo. Después de varios intentos de aborto frustrados, regresó con la doctora, quien con insistencia, le recomendó no abortar.

Pidió consejo a su madre. Ella le dijo que le ayudaría a abortar, siempre que el Ministerio Público le garantizara que no había problema. Pero los fiscales, igual que la doctora, la asustaron. Le dijeron que, si abortaba, se quedaría estéril o moriría.

Y sí, si el aborto se realizara en condiciones insalubres y riesgosas, esa era una posibilidad. Pero el embarazo de Ella pudo haber sido interrumpido de manera legal, en un hospital, por un profesional médico.

El único aborto que no está penalizado en Guatemala es el terapéutico. Este se lleva a cabo cuando la vida de una mujer embarazada, o en este caso de una niña, está en peligro. Y el cuerpo de una niña de 13 años por lo general, no está preparado para pasar por un embarazo y un parto.

Ella

La doctora me dijo que no, que no se podía hacer nada y que ya tenía que por mi propia cuenta tenerlo conmigo misma o dejarlo en adopción. Que buscara una familia con quién dejarlo y que estuviera en buenas manos, en buenas condiciones. Y yo me quedé así como que… “bueno, está bien”, tomé la palabra, seguí con mi embarazo.

(Cambio escena) Sonido de hospital, ambulancia.

Seis meses después, Ella sintió las primeras contracciones. Fue con su madre al Hospital San Juan de Dios. Poco después de ellas, llegaron los trabajadores del Ministerio Público. Le preguntaron una vez más si quería dar en adopción a su bebé. Ella les dijo que sí. Estaba segura.

Los trabajadores del MP debían llevarse al recién nacido, para no generar ningún vínculo entre Ella y él. La niña ni siquiera vería al niño.

Pero hubo un error. Después de dar a luz, el doctor trajo al bebé y se lo puso en los brazos.

Ella:

Yo no lo quería ver, entonces los doctores me dijeron, mire este es su bebé.

Narradora:

Durante el embarazo, Ella rechazaba la idea de tener un hijo del hombre que la había violado. Las patadas del bebé, las náuseas, le recordaban lo sucedido.

Ella:

Entonces yo al recordarme lo que él me hizo lo rechazaba completamente, y cuando yo sentía que no me dejaba dormir yo decía: “por qué esto a mí me está pasando, soy pequeña”, y yo decía: “no te quiero, dejá de moverte porque no te quiero”.

…No lo quiero tener conmigo, yo no me quiero recordar a cada rato lo que me pasó, no quiero imaginarme la cara de él al ver al nene y todo eso”.

Narradora:

Pero ver al niño lo cambió todo. Cuando después del dolor del parto, de los sudores, de las punzadas, los doctores se lo enseñaron y le dijeron: “mire, este es su bebé”, Ella sintió que tenía que recibirlo. Para ella, empezó un proceso de aceptación que aún continúa.

Ella:

“¿Por qué?, si él no tiene la culpa, no sabe, ni ahora sabe lo que me pasó y si lo llega a saber pues lo tengo que tomar de la mejor manera y decírselo de la mejor manera también, ya que poco a poco tengo, no es de olvidarlo ni sacármelo de la mente, pero dejarlo en el pasado.

Cambio escena

Narradora:

Hoy, Ella es capaz de contar con serenidad y valentía todo lo que le tocó vivir con 13 años y lo que supuso para ella criar a un bebé siendo adolescente. Esto no hubiera sido posible si no hubiese recibido apoyo psicológico.

Este apoyo, se lo brindó el proyecto Miriam. Esta organización trabaja con adolescentes sobrevivientes de violencia sexual, a partir de un enfoque basado en la cosmovisión maya, el feminismo y un acompañamiento constante en los procesos postrauma. Miriam ayudó a Ella con una beca para que siguiera estudiando después de haber tenido el bebé. También le da capacitaciones, algo de dinero para el niño, y prosigue con este largo proceso de sanación.

Ella:

Soy socia del proyecto Miriam, entonces ellos me están apoyando con eso de mi carrera, me han estado apoyando desde que yo comencé a estudiar primero básico y hasta ahora, para el próximo año me van a seguir apoyando, primero Dios, y hasta la U, igual eso espero ya que ahora estoy en eso de rutina mamá, hija y estudiante.

Narradora:

Admite que le cuesta seguir el ritmo, pero ganas no le faltan.

Ella:

Es una rutina algo pesada pero allí voy luchando y pues ahora ya solo me dedico a ser asociada del proyecto, apoyarlas con lo que sea con lo que me llamen y pues estar cuidando al nene y pues ya voy a iniciar un curso de computación para estar allí más al tanto y eso.

Narradora.

Ella nunca recibió ayuda del gobierno. Por lo general, las instituciones públicas le dejan la responsabilidad a las pocas organizaciones que, como Miriam, ayudan a las víctimas de violencia sexual. El Ministerio Público nunca capturó a su agresor. Dijeron que no tenían suficientes elementos para armar un caso contra el hombre. A Ella el Estado la dejó sola.

Hoy ella tiene 18 años. Su hijo, cinco.

Ella:

O sea cuando yo escuché que estaba embarazada, yo dije: “mi vida ya se acabó, ahora yo solo tengo que estar al pendiente de mi hijo, ya no voy a estudiar, o sea ya no voy a ser la abogada que quería, ni voy a ir a viajar, a visitar volcanes, nada” y yo así de que ¿por qué?.

Ahora tengo que pensar en el futuro, cómo sacar adelante a mi hijo, seguir estudiando, y pues de mis sueños de viajar y volcanes, sí lo puedo lograr todavía porque no hay quién me lo impida también.

Sube música

Cortinilla

*****

Investigación y entrevistas: Alejandra Gutiérrez, Lucía Reinoso y Carmen Quintela

Guion: Carmen Quintela y Sebastián Escalón

Edición guion: Alejandra Gutiérrez

Edición de audio: Sebastián Escalón y Julio Serrano

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