Ana Bustamante
“El silencio hace que el dolor sea estático y profundo”
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El 13 de febrero, 38 años después de la detención y desaparición forzada de su padre, Emil Bustamante, la documentalista Ana Bustamante comienza una serie de proyecciones de La Asfixia, su primer largometraje. El documental narra el recorrido de la directora en su búsqueda de respuestas sobre quién era su padre, por qué hacía lo que hacía y por qué él una tarde salió de casa y nunca regresó. El documental es un viaje interior de la autora, y a la vez un retrato de la Guatemala que aún busca respuestas.


“A veces siento que tengo la cabeza debajo del agua. Que el aire me falta. Mi madre cree que es porque cuando estaba embarazada de mí, hubo un instante en el que no pudo respirar. Sucedió la tarde del 13 de febrero de 1982. La misma en la que mi madre cocinaba el pastel de cumpleaños para mi prima. A ese pastel, le debo mi vida. Porque si mi madre lo hubiese terminado a tiempo, mi padre no se hubiese puesto impaciente y decidido adelantarse para no llegar tarde. En cambio, mi madre prefirió quedarse en casa, junto a mi hermana Flora, hasta terminarlo. Esperó que mi papá la viniera a buscar. Las horas pasaron y él no llegaba. Así que decidió salir a buscarlo. Cuando llegó a casa de mi tía, escuchó las voces de toda la gente cantando el feliz cumpleaños. Es ahí cuando se quedó sin aire. Mi padre no estaba. No llegó esa tarde. No llegó nunca”.

El inicio de La Asfixia, la primera película de Ana Isabel Bustamante Cruz, es un leñazo en el esternón, que nos advierte lo que veremos durante la siguiente hora.

La cineasta Ana Bustamante narra en voz propia la búsqueda de información sobre quién era su padre, Emil Bustamante, un hombre de 32 años, catedrático y funcionario de la Universidad San Carlos de Guatemala (Usac), detenido y desaparecido forzosamente por el Ejército del gobierno de Fernando Romeo Lucas García, a inicios de los años ochenta. Cuando se lo llevaron, la esposa y las dos hijas de Emil —una, Ana, todavía no nacida— se quedaron con cientos de preguntas y pocas respuestas.

Bustamante decidió desde muy joven que quería dedicarse al cine. Después de estudiar Documental en Barcelona, se fue Madrid a seguir la especialidad de Montaje en la Escuela de Cine. Ahora, allí vive y trabaja.

Por La Asfixia, su primera obra, recibió tres premios de postproducción en el Festival de la Habana —donde se estrenó mundialmente— y el apoyo a la postproducción de Cinergia. También obtuvo el Premio Especial de Jurado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el Premio Fipresci en Festival Internacional de Cine de Panamá, el Premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci) y el Premio del Público a Mejor Película extranjera en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici).

El jueves, 13 de febrero, La Asfixia se proyectó simultáneamente en Antigua Guatemala —Casa Pensativa—, Quetzaltenango —Cineclub del Cinespacio—, San Cristóbal de las Casas (México) —Foro Cultural Kinoki— y  en la Cineteca de Madrid, donde se continuará proyectando durante diez días. Entrevistamos por teléfono a Ana Bustamante. 

Ana Bustamante
Ana Bustamante

¿Cómo te empiezas a plantear la posibilidad de trabajar en La Asfixia?

Cuando entré a estudiar Documental, tenía que plantear un proyecto. En ese momento fue la primera vez que surgió la posibilidad de hacerlo. Pero me pareció que era exponerme demasiado. En ese momento, yo estaba entre o hacer La Asfixia, que tampoco lo pensaba demasiado, me estaba rondando la cabeza; o hacer un documental sobre mujeres gitanas feministas. Finalmente, cuando me tocó hablar, empecé a contar la historia de mi padre. Y allí surgió la idea de hacer toda esta película.

¿Cuándo empiezas a trabajarla?

La película tiene ya un año de recorrido —Ana hace cuentas en voz alta—… 2019, 2018… Fácil hace ocho años. Fue un trabajo de siete años. Primero le pregunté a mi madre si estaba bien, si le parecía bien que hiciera la película. Me parecía importante que ella me diera el OK, y ella dijo sí. A partir de ese momento, ya empecé toda la investigación de ver cómo lo quería hacer. Al principio me lo planteé como una road movie en donde iba encontrándome con distintos personajes. Algo así termina siendo la película, pero con alteraciones.

La empezamos a escribir y luego nos pasamos un año buscando financiación. En ese momento ganamos varios premios para hacer la película, y con el primer premio que ganamos, que fue una ayuda del gobierno de Aragón en España, hicimos el rodaje. Luego del rodaje continuamos buscando dinero para todo el proceso de postproducción: el montaje, el color, el sonido y todo eso.

No fue tanto un trabajo constante de siete años, sino que fue mucho el estar buscando fondos. Como es una película tan pequeña y se ha hecho con tan poco dinero, los procesos se han ido alargando.

¿Cómo fue el proceso de hablar con tu familia acerca de tu padre?

El rodaje fue emocionalmente muy intenso. Yo creo que hice esta película, y en realidad se hace el cine un poco bastante así, por tener un toque de inconsciencia. Yo no tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Estaba tan concentrada en que iba a hacer mi primera película y que tenía que funcionar, y el guion y eso, que no me puse a pensar en toda la carga emocional que iba a tener en mí todo.

Entonces, me enfrenté a eso ya en el rodaje y fue… fue duro. Que hasta cierto punto, también simplificaba la idea de que “había que hacer la película”. O sea, no había excusa, se tenía que hablar porque había más gente alrededor que estaba trabajando y eso se tenía que hacer. Eso me permitía no echarme para atrás y que la otra persona tampoco se echara para atrás. Fue una de las cosas que me lo facilitó.

Pero luego sí hubo una carga emocional bastante fuerte. Porque estás revisitando ese momento histórico todo el tiempo, estás intentando reconstruir las imágenes que te están contando en tu cabeza. Ese proceso sí fue muy duro. Recuerdo que estaba en Guatemala y estaba muy enfadada. Después de los rodajes, salía a tomar una cerveza con amigos y me sentía muy incómoda, porque estaba como: “¿Qué estamos haciendo? ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hacemos aquí tomando cervezas cuando el país se está desmoronando?”. Me costaba un montón salir de ese momento histórico, ubicarme en el presente al estar tan metida en el pasado durante todos los días del rodaje. Eso fue curioso. Porque en realidad no te das cuenta.

También era mi primera película, tenía que demostrarle al equipo que valía y podía hacer bien mi trabajo y a mi familia que yo estaba bien y no me estaba haciendo daño hacer la película.

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¿Cómo lidias con esto? ¿Cómo consigues sanar?

Hubo un momento en el que yo no soportaba más en el rodaje y le dije a mi madre: “Necesito ir al psicólogo”. Me sentía super perdida. Y en realidad fui a llorar. Porque como no podía tener ningún tipo de flaqueza con el equipo ni con mi madre para no preocuparla, no encontraba el espacio para yo poder sacar todo lo que estaba sintiendo, y al final llorar es sanador. Ese fue mi primer momento de limpia. Fui, y de hecho le dije al psicólogo: “Yo voy a volver antes de irme (de Guatemala)”. Y me dijo: “Ana, no vas a volver, tranquila”. No volví. Si es que yo lo que necesitaba era llorar.

Eso fue lo primero. Y luego al venir a España, tuvimos que presentar un montaje muy rápido, muy a la ligera, donde hicimos una estructura súper clásica, nada más para que no tuviéramos problemas con el fondo que nos habían dado, que es la dinámica que siempre ocurre en el cine. En ese momento, cuando revisamos todo el material, me di cuenta de que lo que me interesaba retratar o cómo me interesaba retratar en la película, era lo que a mí me había generado todo el rodaje, todos los sentimientos que a mí me habían producido todo este viaje que yo hice. Entonces, decidí escribir sin tapujos y sin filtros todo lo que me había producido. Lo que me producía ese tema, lo que me habían producido las entrevistas, todo ese momento de rodaje. Esos textos se llamaban vómitos. Eso me liberó bastante, me sirvió. Yo creo que fue lo más sanador de todo.

¿Y en el caso de tu familia? ¿Cómo les afectó abrir las heridas?

(Toma aire, antes de contestar la pregunta). Pues… a mi madre no sé qué tan bien le ha hecho. Creo que le hice revolver muchas cosas que ella prefería tener enterradas y creo que abrí un cajón que no le ha hecho bien. Somos muy crueles cuando hacemos cine, en realidad. Ella está muy orgullosa, y me apoya y todo, pero creo que no le hice bien.

Al final creo que le sirvió mucho verse. Ver la película terminada y reconocer que el dolor y eso que ellos vivían en silencio, pues resulta que la otra persona también lo estaba viviendo, de diferente forma pero lo estaba viviendo. Como salir de tu burbuja de dolor y de trauma y darte cuenta que el que está al lado tuyo estaba sintiendo lo mismo. Quizás no lo dijo en voz alta, pero el sentimiento era exactamente el mismo.

En la película mencionas que antes de la grabación, apenas habías hablado con tu familia de tu papá. ¿Después del documentalse abren estas conversaciones o es algo que vuelve a quedar cerrado?

Se abre porque yo ahora me atrevo muchísimo a preguntar. Me atrevo a preguntar y a repreguntar, que es otra cosa. Me atrevo absolutamente. Como que antes, jamás. Creo que es un cambio que ha habido en mí. Y en ellos lo mismo, pero yo me atrevo a hablar más del tema. Y entonces me hablan. Y eso me gusta. Creo que más bien yo he aprendido a manejar bien el tema. Los enfrento de diferente forma y ellos me responden. Al final no es una cosa de querer ocultar, es que no pueden, y si no surge el momento, pues es que no lo van a hacer.

También ha sido interesante que gente ha visto la película, incluso cuando yo no estoy ahí, que luego me escriben y han vivido lo mismo que yo, y se han atrevido a hablar o a preguntar en sus familias y eso me parece super bonito. Cada vez que pasa eso, digo: “está sirviendo de algo”.

Póster de la película “La Asfixia”

¿Qué objetivos tenías cuando creaste la película?

Que se hable de todos los detenidos desaparecidos, y no solo en Guatemala. Desgraciadamente, es una práctica de represión que se ha llevado a cabo en el mundo y es sumamente destructiva, rompe el tejido de tres generaciones. Lo tenían súper estudiado. Lo tienen, vamos. Es muy importante que si nos los quitan, nosotros no los borremos. Aunque duela hablar de ellos, hablar de qué ocurrió y darnos cuenta de lo que eso genera. También para la gente que no tuvo un detenido desaparecido, que entienda lo que eso provocó.

Uno de los objetivos era hacer una película de algo muy básico, un lugar común, que es una hija que busca a un padre. La gente, no importa de qué ideología sea, va a empatizar. Esa era mi intención. Evidentemente yo tengo un posicionamiento político en mi película. Pero sí me interesaba que quedara muy bien retratado, que independientemente de la ideología que seas, esto tiene que ser absolutamente intolerable y condenable.

¿Qué ha supuesto La Asfixia para ti, como primera película?

Ha sido la primera vez que yo he estado con un trabajo terminado presentándoselo a la gente. Afortunadamente hemos tenido un recorrido por festivales importante. Ahora, justo organizando esta última proyección, me he dado cuenta de que La Asfixia se ha visto en muchos países diferentes. Y eso para mí, como directora ha sido toda una experiencia. El ir con tu película, además una película tan personal y que la gente la vea y empatice, y que en algunos festivales nos dieran premios…. para mí ha sido muy gratificante, que te dice: “Hiciste bien tu trabajo”.

Profesionalmente ha sido brutal. Luego también, a nivel personal ha sido un proceso de trabajar una herida importante y resignificarlo y hacer que otras personas que han vivido esto, pueden hablarlo y se empoderen también y se liberen de ese trauma.

¿Cómo lidias con toda la información sobre tu padre? ¿Qué ha supuesto para ti ir creando la figura de él a través de otras personas?

Pues al principio me dio mucha rabia. Porque en realidad me di cuenta de que era un gran hombre. Como que siempre para cuidarme pensaba: “De los muertos siempre se habla bien. Obvio que me van a hablar bien”. No quiere decir que no crea que mi papá no tenía defectos. Sin duda, los tenía. Es más, creo que era un súper macho, porque así eran los hombres de esa época. Y yo soy feminista… Pero me di cuenta que de verdad era un hombre especial. Porque todo el mundo hablaba de él con muchísimo cariño y decían cosas muy concretas que yo pensaba: “Es que me hubiera encantado conocer a este tipo, independientemente de que fuera mi padre o no”. Manejar toda esa información al principio me dio mucha rabia. Saber que me lo habían quitado. Me frustró bastante.

Pero luego también ha sido lindo. Unir todos los puntos, saber más concretamente qué era lo que hacía, por qué estudió lo que estudió, cuáles eran sus sueños. E incluso algunos errores. Pude construir un ser humano que antes simplemente era una fotografía y algo de ensoñación. Yo toda la vida decía: “El padre es el que está al lado tuyo, por más que te haya dado algo de genética”. Y creo que me he vuelto menos fría en ese sentido y me acerqué a un ser humano. Eso ha sido lo más interesante, y con lo que me quedo. 

Para ti, ¿ha sido más duro el silencio o la información?

(Hace una larga pausa antes de contestar). Aunque lo que me han respondido también me dolió muchísimo, creo que el silencio hace que el dolor sea estático y profundo. Hace que no lo podás modificar, que solo lo sintás. Como que está ahí, inamovible, siempre está presente. No lo podés transformar. No tenés herramientas para hacerlo. Entonces creo que es más tremendo el dolor del silencio. Porque te deja desprotegida.

Al final a ti te pueden decir cualquier cosa que te pueda doler profundamente, pero eso te da herramientas para poder gestionarlo mejor. Pero si no tienes nada, eso es lo terrible de lo que generan con el miedo, con el terror que deja la detención y desaparición forzada de una persona. Y lo sabían perfectamente, es lo mejor que podés hacer. Que una sociedad esté callada y reprimida. Destruila así. Metele miedo en su casa, en su cuarto, allí.

¿Por qué decides dedicarte al cine?

Siempre me quise dedicar al cine, sabía que quería estudiar, pero en Guatemala no había cine. Entonces decidí estudiar Periodismo, Comunicación y siempre me tiré más a la fotografía y al vídeo. Cuando empecé a ejercer como periodista me di cuenta que me interesaba profundizar muchísimo más en todas las historias que estaba investigando. Y que quería hacer documental. Llegó un punto que no veía para donde ir. Me quedaba seguir como reportera, ser jefa de redacción de algo, que tampoco era algo que me enloquecía porque era seguir en el mismo corre-corre de la noticia diaria. En algún momento pensé en irme a estudiar a Argentina y mi madre me pidió por favor que terminara la carrera y luego decidiera. Entonces terminé e inmediatamente me vine a Barcelona.

¿Qué planes tienes ahora?

Pues ahora estoy en proceso de escribir una ficción que es una historia de mujeres fuertes que hacen algo especial. En ello estoy. A ver. Ahora estoy trabajando ficciones, no sé por qué. Creo que también al estar en España,  no sé, voy a Guatemala y pienso mucho en documental, pero al estar acá pienso más en ficción.

¿Cómo ves la presencia de mujeres en la industria del cine?

Creo que las mujeres siempre hemos estado en el cine, lo que pasa es que hemos estado invisibilizadas, no se nos tomaba en serio. Las montadoras antes éramos todas mujeres. Lo que pasa con el montaje, como todas las carreras, es que cuando empiezan a tener importancia, empiezan a ser ocupadas por hombres.

Ahora se nos está tomando más en serio. Creo que es muy importante. Que las mujeres y los hombres somos distintos, y nuestras miradas son distintas. Y es importante ver un mundo retratado tanto por hombres como por mujeres. Me parece super importante contar las historias que nos tocan, y qué mejor que una mujer para contar historias de mujeres. Es lo que me interesa retratar. No sé cómo retratar a un hombre, no sé lo que atraviesa su cuerpo. Lo podría retratar pero no es lo mismo. El ser mujer, lo que atraviesa el cuerpo de una mujer, me parece muy interesante y al menos a mí es lo que me apetece contar.

[¿Ya viste el video ensayo En el espejo de Pamela Guinea?]

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