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Cuatro más se unen a las denuncias contra Bruno Campo: #MeTooMuni
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La Municipalidad de la Ciudad de Guatemala cumplirá tres semanas de silencio desde que Nómada publicó una investigación sobre malos tratos y abusos sexuales contra niñas y adolescentes en la Escuela Municipal de Música entre 2008 y 2012, cuyo perpetrador, el director Bruno Campo, fue protegido y becado por la Municipalidad. Ahora, cuatro más se suman a la denuncia y ponen en evidencia que los abusos comenzaron mucho antes.

 Este reportaje es una producción de Nómada que Ocote publica por una alianza de colaboración

Por Pia Flores

En la Municipalidad, solo una concejal de oposición, Rosa María Botrán, pidió explicaciones y acciones urgentes para prevenir la violencia contra las niñas y los niños. Pero la gerencia de la Municipalidad y la dirección de la Escuela Municipal de Música mantienen silencio sobre las acusaciones contra Bruno Campo y la beca que lo ayudó a llegar a Europa.

Después del primer reportaje de Nómada cuatro mujeres más decidieron denunciar los abusos que sufrieron de parte de Bruno Campo. Mientras el primer grupo de mujeres avanza con el proceso legal, el Ministerio Público se rehusó a tomar la declaración de una de las nuevas denunciantes. El fiscal Humberto Mencos argumentó que era porque su testimonio no formaba parte del reportaje y que quería esperar a que Nómada publicara este reportaje. Algo bastante criticable, según el equipo legal de Mujeres Transformando el Mundo, la oenegé especializada en violencia de género que acompañará en el proceso judicial a las mujeres que denuncian a Bruno Campo.

En el primer reportaje, difundido el 6 de junio, se publicaron los testimonios de Rossana Paz, Azucena Salinas, Maru Amato y María Libertad Saénz sobre las agresiones sexuales que sufrieron por Bruno Campo entre 2008 y 2012. Otras tres víctimas compartieron sus testimonios de forma anónima. Las entrevistas con maestros y personal administrativo que trabajaron con Bruno Campo en la Escuela confirmaron su carácter abusivo con los niños, jóvenes y maestros de la Orquesta Juvenil y la conducta inadecuada que mostraba con las niñas. Las quejas de los papás y las mamás aumentaron, y en 2012 se redactó una carta dirigida al alcalde de la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala, Alvaro Arzú Irigoyen. Al mismo tiempo las quejas internas de parte del personal llegaron al gerente de la Municipalidad, Ricardo de la Torre. La resolución de parte de la Municipalidad fue apoyar a Bruno Campo con una beca, a través de MuniJoven, para irse a Europa.

1. Carmen y el proyecto en La Verbena

–Yo nunca ni había tenido novio. Él me quitó mi primer beso.

Fue en diciembre 2005, antes de que Bruno Campo llegara a la Escuela Municipal de Música. Carmen Leiva acababa de cumplir 13 años y decidió inscribirse en un proyecto de música dirigido por Bruno Campo en el Intecap de La Verbena, zona 7. Él tenía 23 años, diez más que ella. Desde el principio Bruno Campo trataba diferente a Carmen. La regañaba mucho. A veces hasta en los recesos porque no le gustaba que ella tuviera amigos hombres.

Un día, después de terminar una reunión con todos los niños y jóvenes para escuchar la pieza que estaban ensayando, Bruno Campo pidió que Carmen Leiva se quedara en el salón. Era solo una niña, pero Carmen recuerda cómo Bruno Campo la empujó contra la pared, cómo le inmovilizó los brazos con sus manos, y cómo la comenzó a besar. En la nariz, en una mejilla, después en la otra. En la boca.

– No supe qué hacer. Estaba muy chiquita. Me recuerdo que entró otra persona, uno de los maestros, y Bruno se separó rápido y comenzó a hablar con él. Yo me quedé contra la pared, en shock. Entonces me jaló, me tocaba el pelo, como si me estuviera dando cariño. Como si fuera algo normal.

Cuando pudo, Carmen Leiva salió corriendo del salón con la cara totalmente roja por la ansiedad que le generó la situación. Una amiga le preguntó qué le había pasado, pero en ese momento Bruno Campo salió del salón y le guiñó el ojo. A partir de ese momento, Carmen ya no pudo decir nada, ni siquiera a sus papás. Dejó el proyecto en La Verbena.

– Yo estudiaba en un colegio de monjas, entonces nunca tuvimos nada de educación sexual y cosas así. No era un tema que sabía cómo hablar con nadie.

Diploma de La Verbena, Carmen Leiva.
Diploma de La Verbena, Carmen Leiva.

Tres años después, en febrero de 2009, Carmen Leiva quiso retomar el violín y se inscribió en la Escuela Municipal de Música en la zona 1, pero entonces también era dirigida por Bruno Campo.

Ahí, Bruno Campo la volvió a agredir. Tenía 16 años. La hostigaba constantemente. La humillaba enfrente de todos y la regañaba cada vez que tenía la oportunidad. Un día en clases Carmen Leiva se desesperó y le contestó. Bruno Campo la mandó a la oficina de la dirección a esperarlo hasta que terminara la clase. Cuando él llegó, pidió que su secretaria se saliera y entró con Carmen Leiva. Cerró la puerta y las contraventanas de madera para tapar el ventanal que tenía la oficina.

Comenzó a platicarle a la adolescente. Estaba tranquilo. Quería saber por qué Carmen Leiva había llegado tarde a su clase. Mientras ella le explicaba, Bruno Campo comenzó a acercarse. Hasta llegar a la orilla del escritorio donde ella estaba sentada. La miraba fijamente. Carmen se sentía incomoda y cuando se levantó, Bruno Campo la jaló para arrinconarla. Otra vez la comenzó a besar, pero esta vez Carmen protestó y logró zafarse.

Otro día Bruno Campo volvió a intentar en uno de los salones de ensayo. Esa vez con más fuerza, apretándole los hombros hasta lastimarla. Carmen Leiva lo empujó con tanta fuerza que Bruno Campo la acusó de ser agresiva antes de salir enfurecido del salón.

Carmen Leiva dejó el violín por completo. Tanta era la confusión, la culpa injustificada y el poder que tenía él, que durante casi catorce años calló los abusos de Bruno Campo. No lo pudo contar a sus papás, que idolatraban al artista. Ellos, como muchos papás y mamás de La Verbena y de otras colonias de escasos recursos, lo percibían como un ‘salvador’ por abrirles una oportunidad a sus hijos para estudiar música.

En 2013, Bruno Campo buscó a Carmen Leiva via Facebook. Ella lo bloqueó. Pocos años después Bruno Campo estaba de visita en Guatemala y a través del correo electrónico de Carmen, insistía que se juntaran. Hasta que Carmen Leiva le mintió y dijo que estaba por casarse con su novio para que la dejara en paz. Respondió, que él se ofrecía para su despedida de soltera, recuerda Carmen Leiva.

Mensaje de Bruno Campo a Carmen Leiva, 2013.
Mensaje de Bruno Campo a Carmen Leiva, 2013.

Carmen Leiva cultivó otro interés: el ciclismo. En 2015 ella y sus compañeros de una organización de ciclismo urbano tuvieron una reunión con el fallecido alcalde de la Ciudad de Guatemala, Alvaro Arzú. Terminó la reunión y por un ratito continuó la charla informal. Carmen Leiva le comentó al alcalde Arzú que estuvo en su proyecto en la Escuela Municipal de Música, algo que pareció alegrarle al alcalde, quien comenzó a preguntarle sobre sus estudios en la escuela. Cuando Carmen Leiva le dijo que salió de la escuela por Bruno Campo, el alcalde terminó la conversación.

Durante años, cuando Carmen Leiva miraba una foto de Bruno Campo o las notas felicitándolo en diferentes medios, su mente se quedaba en blanco y se le erizaba la piel de miedo. Pero ahora ya no. Ahora, a sus 26 años, decide denunciarlo, públicamente y en el Ministerio Público.

2. Los “juegos” de Bruno

Déborah y Mariana se conocieron en el coro municipal que formaba parte de la Escuela Municipal de Música en 2006. Ambas tenían 17 años cuando Bruno Campo comenzó a acosarlas. Sufrieron desde toqueteos hasta invitaciones a hacer tríos sexuales con Bruno Campo. A Mariana a veces la encontraba sola en el parqueo por la noche después de los ensayos e insistía con llevarla a su casa. A Déborah la llamaba a veces en las noches insistiendo que se juntaran.

En la escuela de música las encontraba en el pasillo para sorprenderlas desde atrás con nalgadas. Las agarraba de la cintura y se les acercaba a la fuerza. “Entonces, ¿qué va haber chicas?”, les decía.

La situación culminó un día en un “juego” absurdo de Bruno Campo. Estaban en ensayo y juntas fueron a sacar fotocopias en el archivo de la escuela. No sabían que Bruno Campo estaba allí. Él cerró la puerta con llave y comenzó a desabrochar su cincho. “Hagamos un trío”, dijo mientras se acercó a Déborah y Mariana. Procedió a meter su mano en el pantalón y sacó su pene: “¿Quién quiere empezar?”.

– Yo nunca había tenido relaciones, ni siquiera había visto un pene antes, solo pensaba “¿qué te pasa?”, dice Déborah.

Recuerda que Bruno Campo se reía y comenzó a jugar que las estaba ‘cazando’ entre los muebles de la oficina, hasta que Mariana logró quitarle las llaves y abrir la puerta para escaparse.

Las dos decidieron dejar la escuela de música por Bruno Campo porque temían ser violentadas sexualmente como sus compañeras.

Las dos recuerdan la Escuela con sentimientos encontrados. Por un lado la adoraban; por el otro, tenían mucho miedo.

– Caminabas en los pasillos y en un salón estaban tocando un instrumento, en el salón de a la par, otro; y a la par, ensayos de ballet. Era un sueño estar allí. Pero creo que el miedo de no hablar (y denunciar) era porque si lo contabas a tus papás, ellos te sacaban. Si enfrentabas a Bruno Campo, él te sacaba.

La motivación de Déborah de denunciar son sus hijos. Quiere que gocen del sueño de la música y del arte sin tener que aceptar y callar abusos.

Diploma de la Escuela Municipal de Música para Déborah.
Diploma de la Escuela Municipal de Música para Déborah.

3. “Todavía sos muy pequeña”

Estefanie estudiaba en la Escuela Municipal de Música entre 2007 y 2008 cuando su papá decidió sacarla por un incidente específico con Bruno Campo. Estefanie prefiere que no se revele su apellido en este reportaje.

Durante un tiempo Estefanie sentía que por el respeto que Bruno Campo le tenía a su papá, también la respetaba a ella. Nunca le hizo una prueba para entrar a la orquesta, como hacía con los demás, y le preguntaba su opinión sobre los ensayos. Tal vez por eso no habló antes, dice.

– De verdad no quería generar un escándalo, y solo le conté a mi papá.

Recuerda las noches largas de ensayos. Hieleras con bebidas energéticas que Bruno Campo usaba para quitarles el cansancio y agotamiento físico. Dedos que sangraban porque tenían que seguir aunque la hora ya había pasado la medianoche, hasta con los miembros más pequeños de la orquesta, que tenían 6 o 7 años.

Estefanie también sufrió violencia sexual de parte de Bruno Campo.

– Me di cuenta cómo me tocaba siempre. Supuestamente para corregir mi postura, o cómo tomaba el instrumento. Pero siempre rozaba mis pechos con su codo, o con su brazo. O me agarraba de la cintura, de la cadera.

Estefanie ha evitado pensar en su época de la escuela de música durante muchos años. Sin embargo, igual que muchas de las otras mujeres, Bruno Campo dejó una frase grabada en su mente que nunca ha podido olvidar.

Una noche en febrero de 2008, después de un ensayo Estefanie ayudó a Bruno Campo a guardar los instrumentos en una bodega oscura en la Escuela. Estaban solos cuando Bruno Campo se le acercó desde atrás. Le comenzó a rozar la espalda. Se puso enfrente suyo y mientras le tocaba los pechos, le dijo: “todavía sos muy pequeña, pero estás muy bien. Vamos a intentar más adelante”. Él tenía 25 años. Ella 13.

4. Los niños “rescatados” por Bruno Campo y el alcalde Arzú

La hija de la académica Silvia Trujillo formaba parte del coro municipal y luego de la Orquesta Juvenil. Nunca fue víctima de los abusos sexuales de Bruno Campo, pero fueron varias las veces que Silvia Trujillo confrontó a Bruno Campo por otros abusos. Asegura que todos le tenían miedo; hasta las otras madres, y por eso nunca lo confrontaron cuando no respetaba los horarios y obligaba a la Orquesta a ensayar hasta media noche para conciertos de la Municipalidad.

El atropello más grande para Silvia Trujillo fue cuando comenzó a darse cuenta de la manera en que Bruno Campo y la Municipalidad utilizaban a los coros y orquestas para hacer campaña política.

Recuerda que una vez organizaron un concierto en el auditorio de la Universidad Francisco Marroquín para recaudar fondos. Al terminar el concierto pusieron un video con escenas de niñas y niños en la calle que limpian vidrios de carros, o niños que lustran zapatos.

– El mensaje del video fue que estos niños que acababan de ver en el coro son los niños y niñas de la calle que Arzú recogió y que hoy están aquí cantando. No te puedo explicar la indignación que teníamos las otras mamás y yo. No porque nos indignara el hecho que compararan a nuestros hijos e hijas con la niñez de la calle, porque entendemos la falta de oportunidades en este país. Sino por la utilización sucia de nuestros hijos y de su tiempo.

Silvia Trujillo confrontó a Bruno Campo. Estaba furiosa. Le prohibió que Bruno Campo volviera a utilizar a su hija para hacer campaña política y amenazó con hacerlo público. Bruno Campo se excusó con que era solamente publicidad.

Pero el uso no fue sólo para fines políticos del Partido Unionista, también para fines privados de del alcalde. Como en el año 2010, cuando la hija de Silvia Trujillo junto a los demás niños del coro tuvieron que ir a cantar a la boda de Alvaro Arzú Escobar, actual presidente del Congreso e hijo del exalcalde Alvaro Arzú Irigoyen.

– El uso que el Partido Unionista le daba al coro fue constante durante los seis años que mi hija estuvo en el coro. Yo tenía ganas todo el tiempo de sacarla de allí. Pero ella era una niña, le gustaba estar allí con sus amigas. Me resultaba difícil, porque claro, cuando yo le decía que la iba a sacar, parecía la mamá mala de la película.

El coro municipal en la boda Arzú-Pullin.
El coro municipal en la boda Arzú-Pullin.

Las preparaciones para el concierto del coro en la boda de Arzú Escobar fue manejado con total discreción. Las mamás y los papás ni siquiera fueron informados sobre a dónde iban a ir sus hijos.

Otra confrontación fuerte que tuvo Silvia Trujillo con Bruno Campo fue un día que una niña, también miembro del coro, le contó que después de un ensayo en el Teatro Nacional, Bruno Campo se había bajado los pantalones enfrente de ella y otras niñas del coro.

– Me dijo: ‘Silvia, no sabes qué acaba de hacer Bruno. Estábamos todos terminando el ensayo, y él se bajó los pantalones enfrente de nosotras’. Disque para arreglarse la camisa. Yo le fui a hablar. ‘Sabes perfectamente que lo que acabas de hacer es un abuso, que eso no se hace’, le dije.

Bruno Campo respondió que era solo una mala interpretación, recuerda Silvia Trujillo.

– Tenía un montón de excusas. Que todos terminaban muy cansados después del ensayo, que lo único que hizo fue acomodarse la ropa, que él era incapaz de hacer lo que yo estaba insinuando…

Silvia Trujillo explica que fue testigo de los gritos, los abusos verbales y que Bruno Campo tiraba cosas a los niños. Asegura que Blanca López, la actual directora de la Escuela, sabía lo que estaba pasando pero que lo defendía siempre.

– Puedo dar absoluta fe de la complicidad de Blanca López. No solo lo defendía, era como su escudo.

Durante la campaña electoral en 2011, Silvia Trujillo se opuso a dejar que su hija participara en un concierto para la campaña política del alcalde Arzú. La respuesta que recibió de la Escuela Municipal de la Música fue que si su hija no estaba en ese concierto, ya no podía estar en el coro. En ese momento, Trujillo sacó a su hija de la Escuela, como lo hicieron también otras mamás durante estos años.

– Esas eran las opciones que teníamos las mamás, los papás o los mismos jóvenes. O permitir que nuestros hijos avanzaran en la orquesta, a costa de toda esa violencia, de aguantar este trato de porquería, las humillaciones, los berrinches de Bruno, la gritadera, la tirada de zapatos, la campaña política. O los sacabas, y perdían la oportunidad de seguir y hacer lo que les gustaba. Las dos son terribles. Muchas elegimos sacarlos.

5. Aprender con miedo

Sara, una lectora que prefiere no publicar su apellido, compartió su experiencia con Nómada en un correo. Con su autorización publicamos aquí lo que escribió sobre el miedo que le tenían los niños y jóvenes de la Orquesta Juvenil a Bruno Campo.

“Recuerdo que empecé a tocar un instrumento a la edad de 11 años. Pasé rápidamente de una orquesta inicial a la orquesta infantil. Durante los dos años que estuve en la misma mi único sueño y aspiración era tocar en la juvenil y ser dirigida por Bruno”.

“Todos lo admiraban, lo respetaban, su orquesta era lo mejor que tenía El Sistema. Recuerdo que en un concierto para Italia, justo antes de que Campo viajara permanentemente a Europa, una amiga y yo fuimos llamadas a la Juvenil. Yo estaba demasiado emocionada. Sabía que Bruno tiraba zapatos, su batuta y hasta atriles. Sabía que los ensayos empezaban muy temprano y terminaban muy tarde, que no les daba descansos y que les gritaba. Lo sabía todo incluso antes de subir, aún así yo quería entrar a esa orquesta”.

“Cuando entré a mi primer ensayo estaba feliz. Pero alguien dijo una especie de burla o chiste y yo quise reírme, pero mi compañera de atril (que ya tenía un rato perteneciendo a la orquesta) me dijo que no me riera. La vi confundida y escondiendo su cara en el instrumento. Me dijo: A él no le gusta que nos riamos. Pasé de ser muy feliz tocando en la infantil, a ser un robot que solo pensaba en tocar afinado, entrar a tiempo y bajar la mirada (en la Juvenil)”.

“No sabía qué era lo que estaba mal, miraba a todos haciéndolo, así que me adapté. Lo tomé como algo normal. Incluso verlo tirar zapatos y verlo gritar lleno de ira era normal. Hasta que un día, en uno de tantos ensayos, Bruno estaba trabajando un fragmento específico con los metales, cuando un integrante de cuerda se rió de algo”.

“Recuerdo perfectamente que Bruno se bajó de la tarima, empujó todo lo que encontró a su paso y fue directamente con esta persona a pegarle con el puño en el hombro. Le pegó con ira, con muchísima fuerza. Esta persona se escondió en su instrumento por mucho tiempo. Hizo un silencio sepulcral. Recuerdo que Bruno le gritó algo como ‘vas a aprender a hacer sho’. Regresó al podio y siguió con el ensayo como si nada”.

“Desde ese día quedé aterrada de él. No le hablaba, no lo miraba, hacía exactamente lo que él decía con la cabeza abajo. Me daba miedo, pero pensaba que si no era de esa manera nunca aprenderíamos”.

“Hoy me doy cuenta del error que cometí, y de que nunca tuve que normalizar sus prácticas, pero así como tantos otros compañeros, yo también quería ‘triunfar en la música’ y esa fue la manera en la que me dijeron que debía ser”.

“A todas las compañeras allá afuera que hablaron o que aún no han hablado, yo les digo #YoSíTeCreo.”

Bruno Campo dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal, en 2011. Foto: Carlos Sebastián
Bruno Campo dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal, en 2011. Foto: Carlos Sebastián

6. El zapatazo

Uno de los niños que recibió un zapatazo de Bruno Campo fue el hijo de Patricia Flores. Fue en 2010 cuando tenía 12 años pero no fue ni el primero ni el último de los abusos. Bruno Campo también lo tiró un atril y lo castigaba cada vez que podía.

– De mis tres hijos que estudiaban en la Escuela Municipal de Música, él era el más callado, explica Patricia Flores, quien sospecha que por eso Bruno Campo siempre lo hostigaba más a él.

Patricia Flores es maestra y tuvo varios enfrentamientos con Bruno Campo porque no estaba de acuerdo con usar gritos, insultos y violencia como método de enseñanza. Recuerda varios episodios donde fue a la dirección a presentar sus quejas.

En 2008, en uno de los conciertos de barrio, donde la Orquesta Juvenil salía a dar presentaciones en diferentes zonas de la Ciudad de Guatemala, el maestro de percusión se tuvo que ir. Encargó al hijo de Patricia Flores cubrir la parte que le tocaba. Tenía solo 10 años. El niño hizo lo mejor que pudo, pero se ganó una gritada enfrente de toda la orquesta de parte de Bruno Campo. “Sos una mierda, ¿para qué subís a tocar algo si no lo sabés bien?”

Patricia Flores recuerda que Bruno Campo siempre trataba de manipular a su hijo mediano, que lo admiraba muchísimo, y usarlo en contra de sus hermanos. En 2010 su hijo mediano, quien tocaba clarinete, iba a ser solista en un concierto de la orquesta en la Iglesia Santa Delfina, en la zona 2. En el ensayo, pocas horas antes del concierto, vio que su hijo no estaba bien y le preguntó qué le pasó. Bruno Campo le había dicho que si su hermano menor, que en ese entonces tenía 10 años y había hecho una cara que no le agradaba a Bruno Campo, no cambiaba de actitud, no lo iba a dejar ser solista en el concierto.

En cada ocasión Flores confrontó a Bruno Campo, a veces también a Blanca López.

– Siempre decía que los niños lo habían interpretado mal. ‘Esos son puros cuentos de los patojos’, decía. Era un súper manipulador. Hasta mi esposo lo comenzó a creerle un tiempo. Le trataba de convencer que el problema era que nuestros hijos eran rebeldes. Eso generó muchísimo resentimiento en mi hijo más grande, hasta la fecha detesta a Bruno Campo porque logró incluso generar roces con su papá.

La frustración de ver que los abusos continuaron sin consecuencias se acumulaba en Patricia Flores y las mamás de otros jóvenes de la Orquesta que se mantenían esperando en las bancas durante los ensayos. Patricia Flores dice que ellas redactaron varias cartas para llamar la atención de la Municipalidad acerca de la situación en la escuela de música, pero nunca recibieron respuesta.

La primera versión de la carta de 2012 dirigida al alcalde Alvaro Arzú, que Nómada publicó el primer reportaje, fue escrita a mano y entregada personalmente al alcalde en el concierto por su cumpleaños el 14 de marzo 2012. Cuando Flores y las otras mamás vieron al alcalde en el evento, elaboraron la carta escrita a mano y una de las señoras aprovechó el momento para felicitar personalmente al alcalde después del concierto para entregarle la carta.

Lo único que cambió fue que bajaron las horas de los ensayos, dice Flores con decepción.

7. Como el flautista de Hamelín

Años antes, otra mamá estaba luchando para cambiar la dinámica en la Escuela Municipal de Música. Tanto que en 2008 decidió presentar una denuncia en el Ministerio Público. ‘Liliana’ contará su testimonio con un nombre ficticio, mientras se aclare por qué la denuncia nunca procedió.

Las cuatro hijas de Liliana comenzaron en la escuela de música a principios del 2007. Desde el principio Liliana, comenzó a frustrarse por la falta de organización y estructura en las clases de música. Con el tiempo se daba cuenta de que el comportamiento de Bruno Campo con los alumnos y maestros de la escuela era abusivo. Envió varias cartas a Bruno Campo con propuestas de cambio y recomendaciones de cómo dirigirse a los maestros y niños pero asegura que nunco vio cambios, solo empeoró.

– Él era como el flautista de Hamelín. Es el mismo caso, el poder de la fascinación, de la manipulación que tenía él para la pertenencia de los niños y jóvenes a un grupo que les iba a dar estatus, abrir oportunidades, ingresos. Maltrataba a los niños, con violencia, con malas palabras. Pero muchos venían de la pobreza, y con el afán de pertenecer, callaban. No respetaba a los maestros. Y los que hablaban, se fueron o los sacaban.

Liliana recuerda con claridad cómo Bruno Campo entró en medio de una clase a gritarle a un maestro enfrente a sus alumnos de 4 a 7 años. También que fue frecuente ver niñas y niños llorando en la escuela. Una vez que encontró a una niña de 14 años llorando en la terraza de la escuela antes del concierto de medio año. Bruno Campo la había sacado del ensayo. Decía que no le salía bien la pieza. Liliana le recomendó hablar con Bruno Campo, pero la niña le confió a Liliana que le tenía miedo porque le decía que era gorda.

Bruno Campo comenzó a hostigar a la hija más grande de Liliana, ‘Sofía’, que tocaba arpa. Igual que a otras de las jóvenes, la regañaba a gritos. Se ponía furioso porque Sofía, que tenía 12 años, no tocaba bien ciertas piezas.

– Era una arpa de 40 cuerdas. Simplemente mis manos no llegaban. Él quería a toda costa tener una arpista en la orquesta juvenil para una pieza que estaban tocando. Yo no tenía ni cuatro meses de haber empezado y me quería poner una pieza que hasta a mi maestro le costaba. Me presionaba, pero mis brazos eran muy pequeños para llegar, recuerda Sofía.

Liliana decidió sacar a sus hijas de la escuela. La última participación de Sofía sería en un campamento de práctica intensiva de una semana en enero 2008. El segundo día Bruno Campo la volvió a regañar. Furioso porque a ella los ayudantes del campamento no le habían traído su arpa, que ella no podía cargar sola, la humilló enfrente de toda la orquesta. Sofía le respondió, pero eso solo hizo que Bruno Campo se pusiera más furioso.

A partir de ese día Sofía dejó de estudiar música en la escuela municipal. Pero el 28 de febrero en la tarde fue a la escuela a pedir una partitura de un amigo de la orquesta. De pronto, Bruno Campo se le acercó desde atrás, la agarró con fuerza de la cadera y la acercó. “Y usted, ¿ya ni saluda?”, le dijo a Sofía mientras la mantenía pegada a su cuerpo, pero rápidamente ella logró zafarse.

Fue la primera vez que puso una mano encima de Sofía. Liliana, que ya estaba alerta por los abusos de Bruno Campo, decidió ir esa misma noche ir a presentar una denuncia en el Ministerio Público. La denuncia se ratificó diez días después, pero la familia nunca supo nada más después.

Denuncia contra Bruno Campo presentada por ‘Liliana’ el 28 de febrero de 2008.
Denuncia contra Bruno Campo presentada por ‘Liliana’ el 28 de febrero de 2008.

Hace más de 10 años ya hubo una denuncia por malos tratos en el Ministerio Público. Aún así los abusos de Bruno Campo continuaron de forma impune hasta por lo menos el año 2012.
Actualmente, el equipo legal de Mujeres Transformando el Mundo está en proceso de verificar qué pasó con la denuncia de Liliana, que fue ratificada a los 10 días.

“Este reportaje es una producción de Nómada que Ocote publica por una alianza de colaboración”

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